De juguetes mexicanos ganadores de competencias alemanas y de diseñadores apasionados por la evolución de la vida [Parte 2 de 2]

En la primera parte de la entrevista a Gilberto, nos contaba cómo se acercó al mundo del diseño, así como el proceso detrás de Ollin. Y con este tema, nuestra charla continuó: -          ¿Qué tanta investigación tuviste que hacer, por ejemplo, para entender el mundo del juguete? Y, paralelamente, ¿tuviste que consultar más para abordar el tema de evolución?

“Los primeros bichos que construí ni siquiera tenían cabeza. Para ellos no me inspiré en algo en particular, simplemente experimenté que era lo más simple que podía construir con las piezas. Es una alternativa muy libre y puede ser interesante. Pero el resto de lo que hice venía de mis animales favoritos. Fue una excusa para contagiar mi pasión.

En el área de historia natural tenía un bagaje, pero sí investigué para escribir el documento. No quiero estar adivinando, había que dar datos duros. Y más que nada, sí me sirvió mucho el concepto de evolución como una herramienta para hacer una analogía con el mundo del juguete. El mundo de los juguetes también es como un ecosistema. Hay selección natural, hay depredación, canibalismo, hay un montón de cosas. Es un mundo agresivo y muy dinámico. Y básicamente, como en la selección natural, un mal juguete no va a sobrevivir, porque finalmente el niño no juega.

Desgraciadamente, a nivel corporativo, no se toma tanto en cuenta el asunto de la actividad del juego, más bien se desarrollan productos a partir de la mercadotecnia y de las posibilidades para asociar un juego con más consumo. En el proceso también me enteré de cosas no tan gratas, casi casi los ‘wikileaks’ de estas empresas para ver el lado oscuro del juguete.”

-          ¿Y ya ha habido la oportunidad de que algún niño juegue con el material que tienes?

“Han jugado con piezas sueltas, unas que hice con caucho de silicón para representar las formas diseñadas virtualmente. No son el producto final pero sí la idea. Y algo interesante que no había contemplado en la investigación es que, más allá de ser un juguete en sí mismo, puede darle vida nueva a otros juguetes. Los niños empezaron a tomar las piezas y a utilizarlas como armaduras para otros muñecos. Y me gustó la idea de que Ollin pueda jalar parte de su inercia creativa hacia otros juguetes que quizás se estaban acercando al fin de su vida útil. Finalmente es la idea de este proyecto. Es una inversión: se obtiene más por las horas de juego e incluso los papás obtienen más por el dinero que invierten en un juguete. Además, la huella ecológica del producto es más pequeña y el juguete puede ayudar a evitar compras compulsivas.”

Me confiesa que cree que, de cualquier manera, esto no es suficiente. Planea, en un futuro, involucrarse más en el asunto del material. Quiere buscar alternativas biodegradables para su construcción.

“Me encantaría también que fuera un juguete para generar conciencia sobre la administración de recursos naturales y que transmita la idea de que todo es finito. Incluso me atrae la idea de desarrollarlo en algún momento como un juego de estrategia, un juego de mesa: ir conquistando ecosistemas con tus habilidades y administrar tus recursos. Pero también podrán ocurrir cosas de repente, una crisis ecológica por ejemplo. Claro, en este caso tendría que informarme aún más acerca de cuestiones paleontológicas y evolutivas, para poder contar con datos y hacer analogías.

Otra de las bondades del proyecto es que puede tolerar exteriores. No es sólo imaginar el entorno, podemos ir y jugar con Ollin en el lodo o en la arena. Si quieres generar conciencia no va a ser sólo a través de moralejas, el niño tiene que interesarse en la naturaleza y comprometerse con ella. Si no la conoce, no hay forma de inculcarle un interés sincero.”

Y regresando al tema de los niños, me comenta que también está investigando la posibilidad de que Ollin esté disponible en ludotecas.

“En México me ha sido difícil encontrarlas pero son muy populares en Europa y Asia. Son lugares donde los niños llegan y rentan un juguete. Si el niño decide que le gustó tanto un juguete como para comprarlo después, bien, pero mientras ya probó 10 o 15 juguetes. Me parece una buena idea.”

-          Llegamos al tema del concurso, ¿cómo te enteraste? Cuéntanos cómo fue el proceso de participación y las emociones tras haber sido ganador.

“Es un concurso famoso, así que lo tenía ubicado desde hace mucho y de hecho antes ya había intentado participar. Y me animé porque particularmente este año tenía el slogan de ‘por una vida diaria mejor’ y pensé que Ollin podría ser parte de ello. Es curioso pero es mucho más difícil participar en muchos concursos llevados a cabo aquí en México. Muchos cobran inscripción y además te piden un modelo físico. Y esto, en algunos casos, es una limitante, sobre todo si eres estudiante.

El proceso de registro fue sencillo y después de confirmaciones de ‘todo se recibió correctamente’ y ‘estamos trabajando en ello’, siguieron meses de incertidumbre. Hasta que un día me mandaron un email que me avisaba que estaba en los 50 finalistas, creo que esa fue la parte más emocionante. Días después me mandaron un correo que anunciaba que era el ganador de la categoría de estudiantes de la región de América Latina.”

El premio Braun ofrece 15 premios internacionales: una por región. Sin embargo, su definición de región parece un poco arbitraria. Gilberto me dio su opinión al respecto:

“Se me hace curioso ver que América Latina es una región mientras que, Ucrania por ejemplo, es otra. Por una parte me dio gusto porque tuve que competir con más gente para lograr esto, pero por otro lado siento que no nos están dando nuestro lugar. Pienso que países como Brasil y Colombia están siendo muy destacados en diseño y, recientemente, México también se está recuperando en está área.

Por cierto, en la categoría de ‘profesionales’ del Premio Braun región América Latina, también ganó un mexicano, Alberto Villarreal, ex alumno del CIDI, UNAM. Nos llevamos el carro completo.”

De fósiles de dinosaurios enterrados en gomas y bichos para perseguir en la oscuridad

Pero Ollin no es el único proyecto exitoso de Gilberto. Hace algunos años, diseñó, junto con Ariel Rojo, unas gomas que al borrar, asemejan la erosión geológica y dejan al descubierto el fósil de un dinosaurio. Pueden conseguirlas en Kikkerland. Me cuenta que su deseo era en realidad diseñar una goma para cada era geológica con su respectivo organismo representativo. Pero al final sólo se concretó aquella que contenía al dinosaurio.

También con Ariel Rojo, diseñó lo que él llama un “bicho correlón” con material e ideas semejantes a los animales de Ollin. La creatura tiene un foto-resistor y, cuando está cerca de la luz, el cuerpo del insecto vibra, provocando que se mueva erráticamente. La idea es que sea un juego en la oscuridad, en donde uno persigue al bicho, lo cual no es una tarea fácil ya que si lo hacemos con ayuda de una lámpara, su captura se complica. Gilberto está ahora rediseñándolo y le interesaría que pudiera ser parte de campañas de comunicación para, de vez en cuando, apagar la luz en casa y jugar en familia.

 

Le agradecemos mucho a Gilberto que se haya tomado el tiempo para platicar con nosotros y, sin duda, Más Ciencia por México se entusiasma por sus logros y lo felicita por su reciente premio.

Para aquellos que se preguntan si podremos conseguir pronto a Ollin, Gilberto nos adelantó que ya está en términos de producción. Estoy segura que no sólo los niños lo estarán esperando. Conozco  a más de un adulto que se divertiría mucho con estos bichos.

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Acerca del autor

Entrevista realizada por Alejandra Manjarrez, bióloga egresada de la UNAM actualmente trabajando en el Instituto de Biología Evolutiva y Estudios Ambientales de la Universidad de Zúrich, en Suiza. Al igual que a Gilberto, le apasiona el estudio de la historia de la vida, y a eso se dedica.