Carpinteros de alta costura

Autor: Emiliano Cantón

En la naturaleza los organismos encuentran muchas formas de defenderse de sus predadores. Algunas son presentar colores de advertencia, producir olores y sabores desagradables, o desarrollar partes de su anatomía que funcionan como armaduras, como en el caso de los caracoles, tortugas, o  armadillos. En esta ocasión platicaremos de una familia de orugas que tienen una estrategia adicional: construirse una caja protectora portátil.

La familia Psychidae,  también conocida como orugas de saquito, es parte del orden lepidóptera de los insectos, que comprende globalmente a mariposas y polillas. Es una familia en realidad pequeña, con poco más de 1300 especies descritas. Las especies de lepidópteros llevan a cabo una metamorfosis completa en su desarrollo, pasando del huevo a la fase de larva (lo que conocemos como orugas), para después envolverse en un capullo y entrar en la etapa de pupa, durante la cual ocurre una remodelación drástica y completa del plano anatómico del organismo. De la pupa emergerá el adulto, quien buscará una pareja con la cual reproducirse y continuar el ciclo.

Cualquiera que haya manoseado o picoteado a una oruga con un palito (admítanlo, seguro de niños lo hicieron) sabrá que esta etapa de desarrollo es bastante delicada, ya que las orugas tienden a ser lentas y suaves, por lo que son presa fácil y jugosa. La forma más sencilla de defenderse sería endurecer su exterior, pero esto limitaría el amplio crecimiento que usualmente sucede en esta etapa. Las orugas Psychidae optan por envolverse en una cubierta de seda a la cual van añadiendo material orgánico. Dependiendo de la especie, la composición y forma de la armadura varía, pero puede constar de pequeños trozos de madera, de hojas, de líquen, e incluso de arena. Esta armadura se construye normalmente de forma rítmica en espiral alrededor de la oruga en patrones específicos, y los resultados son unas bellísimas decoraciones, envidia de cualquier artesano. Una búsqueda de internet rápida te mostrará la diversidad de sacos protectores que estas pequeñas oruguitas pueden crear.

A pesar de lo intrincado y bello de las carcazas construidas por las orugas de saquito, no son una familia de insectos ampliamente estudiada. En algunas ocasiones algunas especies pueden convertirse en plagas, pero en general no representan un problema que requiera atención. Sin embargo, aunque  frecuentemente son pasadas por alto, en el siglo XIX el naturalista francés Jean-Henri Fabré describió en minucioso detalle cómo las larvas que mantenía en su estudio fabricaban su vestimenta (1).  La hembra adulta no abandona el saco protector al completar la metamorfosis (de hecho, en general no tienen alas, o a veces sólo rudimentos no funcionales de ellas). En vez de eso, atraen a los machos a su ubicación con feromonas, y depositan los huevos fertilizados dentro de su propia carcaza vieja. Al salir del huevo, las pequeñas larvas comienzan a tejer su vestido de seda a partir de la seda que ellas producen y de la que recubre el interior de la carcaza materna. Adicionalmente, con sus mandíbulas comienzan arrancar fragmentos de la carcaza de la madre para iniciar la construcción de su propia caja protectora. Las orugas elaboran una guirnalda de seda alrededor de su abdomen, que extienden hasta tener un manto que las rodea, y a la cual pegan los materiales que encuentran. De acuerdo con las observaciones de Fabré, a falta de su acostumbrado material orgánico, las larvas adhieren a su cubierta lo que encuentran con tal de protegerse, incluso partículas de metal.

La efectividad de las carcazas como protección se ha observado en diversas situaciones. Aunque el pasaje angosto al interior de la carcaza impide que ciertas avispas depositen sus huevos en el suave cuerpo de la oruga, la estrategia materna de poner los huevos dentro de la carcaza no los exenta de sufrir ataques de otros parasitoides (en un futuro abordaremos el tema de este tipo de avispas). Sin embargo, de quién sí logran defenderse, en el caso de un estudio en particular (2), es de escarabajos predadores. En una serie de experimentos, se provocó el reemplazo del material de la caja de la oruga por uno más suave (con mucho cuidado, claro está) y encontraron que la carcaza blanda aún impide que las larvas sean devoradas. No obstante, confirmaron que al dejarlas al desnudo son poco capaces de defenderse de depredadores. Además, los sacos protectores construidos eran en promedio 1.8 veces más largos que el cuerpo de la larva, por lo que el incremento en tamaño aparente del individuo también podría ser una estrategia para disuadir ataques. Finalmente, el hecho de que las orugas recojan elementos de su entorno para construir sus escudos también confiere un nivel de camuflaje con su ambiente, particularmente cuando llega el momento de pupar y permanecer estático hasta completar la metamorfosis.

Ahora ya lo saben, si al andar por el mundo se topan con pequeños montoncitos de ramas u hojas que caminan, o que se encuentran adheridos curiosamente a las ramas de un árbol, puede ser que estén viendo las creaciones de estos pequeños carpinteros y arquitectos. Disfruten de la estética de su arte, no los molesten, y al contrario, como han propuesto algunos, estudien sus patrones para aprender ingeniosas estrategias de construcción que podríamos aplicar en nuestra vida cotidiana.

Referencias:

(1) “Souvenirs Entomologiques”. Jean-Henri Fabré, 1879.
(2) “Bagworm bags as portable armour against invertebrate predators”. Shinji Sugiura, 2016. PeerJ- Zoological Science Section.
* Imagen de la viñeta: Benjamint444 CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=9497450

Editores: Ximena Bonilla, Emiliano Cantón