El ancestro del maíz

maíz Uno sabe cómo eran los abuelos (y, con suerte, los tatarabuelos) por las fotos que se han pasado de generación en generación. Pero, ¿cómo era el ancestro del maíz? Los cambios en la morfología, desarrollo y fisiología de las plantas en respuesta a las influencias ambientales, sobre todo a la domesticación, todavía son pobremente entendidos.

Unos investigadores del departamento de antropología en el Museo Nacional de Historia Natural del Instituto Smithsoniano, en Estados Unidos, analizaron las características observables y la productividad (biomasa y rendimiento de la semilla) en el largo y delgado progenitor del maíz, el teosinte.

Los investigadores hicieron crecer plantas del teosinte actual dentro de unos invernaderos, con una temperatura entre los 20.1º C y los 22.5º C y con un aire con 40-50% menos de dióxido de carbono. Lo anterior eran condiciones ambientales probables para nuestro planeta hace 14 mil años, las del Pleistoceno, cuando las plantas comenzaron a ser domesticadas.

Gracias a esto, los autores del trabajo observaron que el teosinte ancestral crecía de forma diferente a como lo hacen sus familiares contemporáneos. Las plantas eran más pequeñas y tenían las partes femeninas en el tallo, y no en las ramas laterales, justo como se observa en el maíz que cultivamos hoy en día. Además, muchas de las semillas maduraban a la primera; no como las del teosite actual, que maduran después de varias semanas.

A pesar de esto, los investigadores aseguran que las características biológicas ancestrales de las plantas progenitoras que utilizamos para la agricultura no siempre pueden ser predichas a partir de ejemplares actuales. A partir de la evidencia obtenida también mencionan que algunas características observables importantes del maíz estuvieron presentes cuando la explotación y selección humana comenzó y que la productividad de las plantas durante esa época debe ser considerada como un factor importante en la cronología de los orígenes de la producción de comida.

Algo importante es que no hubo evidencia de mazorcas, una característica que, parece, fue posterior.

Bibliografía:

Articulo original en Science | Fuente de Science| Nota en el blog de Historias Cienciacionales