Desde mi telescopio: Saturno y sus anillos sí existen (parte 2)

De vuelta con la construcción del telescopio, en tiempos de Newton era difícil construir un buen espejo, y como ya vimos en el post anterior, ésta es una parte crucial para que el telescopio nos dé una imagen nítida. Para solucionar este problema, Newton usó una aleación de cobre y estaño que reflejaba bien, pero que era difícil pulir en una curvatura regular. Hoy el espejo sigue siendo la parte más difícil del telescopio. En el curso en donde construí mi telescopio los estudiantes cortamos y pintamos el tubo, armamos la base y las patas, calculamos dónde colocar el ocular y cómo ajustar la posición de los espejos. Pero no hicimos el pulido de los espejos. De eso se encargaron los especialistas del Taller de Óptica de la BUAP.

Entre más grande es el diámetro del espejo primario mayor es la capacidad de aumento del telescopio.  El telescopio que Newton construyó en 1668 (por cierto como parte de sus experimentos para probar que la luz blanca está compuesta por un espectro de colores, y no para realizar observaciones astrofísicas per se) tenía un espejo primario con un diámetro de más o menos 2.5 cm y podía amplificar una imagen lo suficiente para medio distinguir las cuatro lunas galileanas. El espejo de mi telescopio es más grande, tiene un diámetro de 14 cm. Pueden verse no sólo las lunas de Júpiter, sino también el mayor vórtice anticiclónico que ocurre en su atmósfera, una especie de tormenta conocida como la Gran Mancha Roja cuyo largo ronda el doble del diámetro de nuestro planeta.

Lo que una puede observar en mi telescopio al enfocar Júpiter no se ve, para nada, como en la imagen de la izquierda. Esas fotografías las toman con telescopios mucho más potentes, o con misiones espaciales, como la misión Galileo, enviadas hasta el planeta con ese propósito. Cuando una mira Júpiter con mi telescopio lo que se ve es una bolita, un círculo perfectamente definido color plateado. No sé, ¿unos 2 mm? A veces la Gran Mancha Roja se puede ver como una mancha rojiza pero pálida. Las lunas se ven como puntos brillantes, parecido a ver una estrella a simple vista. Pero a pesar de ser tan diferente la imagen, resulta mucho más impactante: está ahí, la vemos con nuestros ojos y gracias a dos espejos, un lente y un tubo de PVC. Sin cuentos, sin Photoshop. Ahí.

La primera vez que me asomé temblé de la impresión, como si hubiera sido yo quien descubriera las cuatro mayores de sus lunas y no Galileo en 1610. Durante las primeras semanas que tuve mi telescopio pasé cada noche apuntándolo al cielo. Varias lunas llenas hicimos lunadas en las que armados con chocolate espumoso salíamos a ver los detalles de los cráteres hasta que la vista se cansara de tanta luz. Mis amigos siguieron siendo mis amigos después de que más de una vez los sometí a ser devorados por las hordas despiadadas de mosquitos que se instalaban en la azotea o el jardín tan pronto aparecía el telescopio.

De Saturno se pueden ver los anillos. Unos aros que rodean un círculo más pequeño que el que se ve en Júpiter. Los anillos de Saturno se ven nítidos, definidos de forma perfecta. No se pueden distinguir todas las divisiones, pero a veces sí la mayor: la División de Cassini. Así, lo que a simple vista es un punto brillante, una estrella apenas distinguible de las otras, gracias al trabajo de la óptica del telescopio se revela como un planeta, orbitado en el ecuador por millones de partículas de roca y agua congelada. Una belleza absoluta.

Eran poco antes de las 2 am del primero de enero del 2006. Apunto hacia Saturno. Enfoco. Cedo el ocular a mi abuela Ángeles. Veo su pupila dilatarse con la luz, la contracción de sus párpados. Se queda quieta. Me voltea a ver. –Sí existen, Saturno y sus anillos, existen– me dice a mí casi hablando para sí. Usa un tono que recuerdo bien y que me cuesta describir: calmo y prudente mas al mismo tiempo al borde del quebranto, como abrazado algo desde dentro.

La que hablaba era una mujer de 82 años que nació en el México postrevolucionario; que creció con todo el catolicismo de la muy conservadora ciudad de Puebla; que a los 55 años (viuda y con cinco hijos ya haciendo sus vidas) decidió estudiar la preparatoria; que años más tarde se recibió de la carrera de antropología; que dejó de ir a la iglesia los domingos creo sólo cuando la enfermedad la postró en la cama; que era una persona maravillosa y cálida, pero que no perdió ocasión para reprocharme con una severidad inverosímil los hoyos de los jeans y cualquier otra de mis faltas.

Qué habrá pasado con exactitud por la mente de mi abuela en el instante que sus ojos contemplaron Saturno y sus anillos es algo que sólo sus cenizas saben. Yo creo haber percibido en su rostro y sus palabras eso que se siente cuando se comprueba algo por uno mismo, esa sensación cuando la realidad se vuelve una pizca más descifrable y al mismo tiempo un tanto más asombrosa.

Llegó el turno de otros de usar el telescopio. Ajusté su posición. A mi abuela no le pregunté nada, no hablamos sobre el tema nunca. Pero ese momento es el más preciado de mis recuerdos sobre ella. Jamás me he vuelto a emocionar así, a sentir una felicidad tan súbita y silenciosa como la que me invadió cuando vi sus pupilas dilatarse y cuando la escuché decir que Saturno y sus anillos sí existen.

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El siguiente curso de construcción de telescopios abierto a todo el público se llevará a finales de año en las instalaciones de la Facultad de Ciencias Físico Matemáticas de la BUAP. Escribo esto en enero y falta mucho, pero estén pendientes. Cuando se acerque la fecha quién esté interesado puede informarse en el teléfono 229 55 00, extensiones 7551 y 7552.

En cambio, como les conte previamente, la convocatoria de Del Aula al Universo está abierta. Así que ahora es cuando. La información completa está en el link de arriba, pero en resumen lo que hay que hacer para inscribir a una secundaria es:

  1. Formar un club astronómico integrado por cuatro estudiantes y un maestro (a). Este club deberá ir a la Facultad de Ciencias Físico Matemáticas de la BUAP a construir su telescopio durante tres viernes (o sábados) de 10 a 14 horas y a aprender a usarlo por los mismos tres días de 17 a 21 horas.
  2. El Club astronómico elaborará un proyecto donde se especifiquen las actividades que realizarán con el telescopio durante los siguientes tres años (círculos de estudio, conferencias, exposiciones científicas, prácticas de observación, veladas astronómicas, observaciones astronómicas para los estudiantes de la escuela, observaciones públicas para  la comunidad, entre otros).
  3. El director(a) de la escuela deberá recibir el telescopio y entregar un documento oficial donde especifica que lo integrará al patrimonio escolar.
  4. La escuela aportará la cantidad de $2000.00 pesos como parte de los gastos efectuados para la construcción de su telescopio. Mientras la BUAP, el INAOE y Victorinox aportan los restantes $4000.00

 

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Acerca del autor

Alicia Mastretta Yanes es Bióloga egresada de la UNAM y actualmente cursa su doctorado en la University of East Anglia, Inglaterra. Su proyecto de doctorado explora la relación entre las características físicas del paisaje y la distribución de la diversidad genética en plantas de alta montaña de México.

Twitter: @AliciaMstt